Cada línea corresponde a un alcance de control definido. No todas aplican a todas las empresas: el punto de partida es identificar cuáles resuelven un riesgo real en su operación.
Nueve líneas orientadas a reducir riesgo tecnológico y sostener el cumplimiento normativo.
La misma disciplina de control, aplicada a la operación contable y fiscal del día a día.
Cuando depende de sistemas para operar y alguien externo — un regulador, un auditor financiero, una casa matriz o un cliente corporativo — necesita evidencia de que esos sistemas tienen controles funcionando. En entornos regulados como banca y seguros suele ser un requerimiento periódico; en el resto de las empresas se vuelve necesaria cuando el volumen transaccional o la exposición a incidentes crece más rápido que los controles.
La auditoría interna de TI es un ejercicio de mejora dirigido a la propia administración: identifica brechas y prioriza remediación. Una certificación SOC 1 o SOC 2 es un informe emitido para terceros, con un alcance y unos criterios definidos, que sirve para demostrar a clientes y contrapartes que existen controles y que operaron durante un período.
Incluye identificar los procesos críticos y su tolerancia real a la interrupción, definir los tiempos objetivo de recuperación y probar si la organización efectivamente puede recuperarse en esos tiempos, que es la parte que más se omite. Un plan que nunca se ha probado no es un plan de continuidad, es un documento.
Sí. La modalidad de co-sourcing está pensada exactamente para eso: el equipo interno mantiene la operación y TMC aporta la especialización puntual, la carga de trabajo extraordinaria o la independencia que ciertos ejercicios requieren.
Sí. La experiencia se concentra en sectores regulados porque ahí el control es obligatorio, pero los mismos servicios aplican a cualquier empresa que quiera reducir riesgo operativo, ordenar su contabilidad o sostener información confiable para decidir.
Con una conversación corta para entender qué se necesita controlar y por qué. A partir de ahí se define un alcance escrito, con entregables y plazos, antes de comprometer cualquier trabajo.
Es la pregunta más común y la más razonable. Una conversación breve suele bastar para acotar el alcance antes de comprometer cualquier trabajo.